jueves, 13 de diciembre de 2012

Tierras musicales

Chifla y tamboril, gaita de fole, curdión diatónico y panderetas, empieza el baile.


"Hay tierras musicales y hay tierras terrenales. Pero también hay tierras que bajo su parda corteza guardan la alegría viva y coloreada de la música." Así se refiere J.A. Carro Celada a la Maragatería. 

La música, como el carácter es una de las muchas expresiones modificadas por el paisaje que nos toca vivir. Cuando los pueblos eran comunidades y el sitio en el que vivían tus antepasados era en el que tú también ibas a vivir si no querías ser siempre forastero en tierra ajena, la tradición oral y su música eran la expresión de la alegría, el dolor, el trabajo, la fiesta y la religiosidad. En Iberia, y allá por 1952  un intrépido etnomusicólogo Texano, Alan Lomax, se atrevió a entrar en la España sumida en el agujero franquista en busca de música con raíces. Su sorpresa fue grande, variada, profunda, entrañable y arcaica y además quedó grabada por primera vez.

En tierras leonesas, Cabreira suena a gaita de fole, los arrieros maragatos bailan a ritmo de chifla y tamboril, tierra de campos es dulzaina, Tsaciana, Babia y Omaña son vaqueiras al son del pandero cuadraú y del curdión, Riaño suena a rabel de pastores y siempre y en todo lugar las voces y las panderetas. Panderetas y toques variados, diversos, a veces complejos, muy diferentes del ritmo binario básico y repetitivo de la música preferida por la mayoría de nuestros jóvenes. Todos estos sones acompañaban la vida, venían del paisaje, y se pasaban de padres a hijos, de abuelos a nietos y ahora, ya no se pasan. Aunque nuestros abuelos aún los recuerdan.... Aquí en una delicia de programa, algunos que ya no se olvidarán. 

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Merece la pena dedicar un rato a escuchar los podcasts de "Músicas de tradición oral" de RNE Clásica. 

lunes, 10 de diciembre de 2012

Invierno


Mi memoria es la memoria de la nieve. Mi corazón está blanco
como un campo de urces.
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Nieva implacablemente sobre los páramos de mi memoria. Es ya noche entre los blancos cercados.
Cuando amanezca, será ya siempre invierno.

Julio Llamazares


domingo, 2 de diciembre de 2012

Carea Leonés, perro de pastor

Porma, cachorrina carea de apenas un mes.

“Ese perro pequeño, histérico, ágil y vivaz que acompañando al rebaño siempre da el primer ladrido de alerta, para luego, con el rabo entre las piernas, refugiarse detrás del poderoso mastín”. 

Hay quién definiría así a un Carea Leonés, tiene algo de cierto, algo de guasa y algo de simple. Y es que los Careas Leoneses, perros de pastor, son mucho más: 

Los tiempos de la Mesta no fueron buenos tiempos para los careas, sus directrices, estrictas y rígidas, los prohibían en muchos de los grandes rebaños. Eran tiempos de pastores, mayorales, rabadanes, zagales, ayudadores –suficiente mano de obra-…. y amplios puertos y dehesas de Condes y Marqueses a la entera disposición de los rebaños y de su lana. Los careas, removían a las ovejas y las molestaban, en aquel momento no parecían necesarios. 

Excelente compañera de aventuras por sendas, veredas, montes y brañas.

Fue a principios del S XIX con el declive de la Mesta, y del oficio de pastor, cuándo los mayorales fueron quedándose solos al frente del rebaño y, también fue por entonces cuándo el paisaje de las Montañas del Norte y  su extensión hacia el Sur por la Vía de la Plata se transformó en un mosaico de minifundios de cultivos y pastos de diente y de siega, caminos estrechos y huertos. En este momento, el carea pasó a ser la mano derecha del pastor. Desde entonces y hasta la actualidad desde los puertos de Babia hasta las dehesas de Almendralejo, no hay rebaño  sin mastín ni que le falte un carea. Pareja perfecta e indisoluble. El mastín protege, el carea, conduce. Conduce, dirige, “aqueda” o “carea” para que las ovejas no se salgan de los caminos, no entren a lo sembrao, para agruparlas en rediles y majadas. 
Foto: Maria Cano http://www.alchata.es/

Los hay negros, cervatos, cuatro ojos y también arlequines, pintos o “cisnos”. Son listos, nerviosos, juguetones y cómplices de su dueño. Y no sólo sirven para carear, buenos en el rastreo, como perros de salvamento o en las pruebas de Agility.  La mayoría de los ejemplares históricamente  y en la actualidad se localizan entre las provincias de León y Zamora, y de ahí su apellido. Sin embargo, su habilidad y agilidad para aprender y su dureza de raza rústica los ha hecho emigrar a otras latitudes, hay quién los cría en Suecia y también en Ibiza, por poner dos extremos. Parece que ahora van a ser buenos tiempos para el carea, en el futuro quizás  sea uno de los embajadores de León. 

Este es un post conjunto que también podeis encontrar en El Mundo de Gea.





sábado, 17 de noviembre de 2012

Mucho más que hojarasca



Estas sendas de hojarasca son algo más que la evocación otoñal cada año recordada en los anuncios del Corte Inglés; son el hábitat de un micromundo (por lo menos para nuestra escala) de lo más diverso y complejo.  Los descomponedores, como hongos y bacterias, se encargan de las primeras hojas muertas; éstos pasan a formar parte de la dieta de los detritívoros que, a su vez, se convierten en alimento de los predadores. Y es que, no sólo los leones de África o los lobos del Viejo Mundo son feroces predadores, en la hojarasca, son las pequeñas arañas las que cumplen esta función.

Descomponedores, detritívoros y predadores forman una de las comunidades más desconocidas e interesantes de nuestro planeta. Ya que precisamente son ellas las que consiguen cerrar el ciclo. Consiguen devolver a la Tierra la materia mineral que formará de nuevo sus árboles, sus hongos, sus animales...

Senda de hojarasca

domingo, 11 de noviembre de 2012

Variaciones otoñales



Un orballo persistente tiñe de gris todo el paisaje en el minuto uno. El minuto dos, acompañado de un sol atrevido, abre el telón de un universo de colores que, en el minuto tres, se cubre de un manto blanco uniforme. Así es el otoño en la cantábrica.


viernes, 9 de noviembre de 2012

Crestones


En todas las vueltas a casa de muchos veranos de la infancia, esas crestas, señal de que dejábamos atrás la montaña. Barrera sentimental entre dos mundos. Estaban en mi retina, ahora también están en mi cámara, en su versión más otoñal.