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| Chifla y tamboril, gaita de fole, curdión diatónico y panderetas, empieza el baile. |
"Hay tierras musicales y hay tierras terrenales. Pero también hay tierras que bajo su parda corteza guardan la alegría viva y coloreada de la música." Así se refiere J.A. Carro Celada a la Maragatería.
La música, como el carácter es una de las muchas expresiones modificadas por el paisaje que nos toca vivir. Cuando los pueblos eran comunidades y el sitio en el que vivían tus antepasados era en el que tú también ibas a vivir si no querías ser siempre forastero en tierra ajena, la tradición oral y su música eran la expresión de la alegría, el dolor, el trabajo, la fiesta y la religiosidad. En Iberia, y allá por 1952 un intrépido etnomusicólogo Texano, Alan Lomax, se atrevió a entrar en la España sumida en el agujero franquista en busca de música con raíces. Su sorpresa fue grande, variada, profunda, entrañable y arcaica y además quedó grabada por primera vez.
En tierras leonesas, Cabreira suena a gaita de fole, los arrieros maragatos bailan a ritmo de chifla y tamboril, tierra de campos es dulzaina, Tsaciana, Babia y Omaña son vaqueiras al son del pandero cuadraú y del curdión, Riaño suena a rabel de pastores y siempre y en todo lugar las voces y las panderetas. Panderetas y toques variados, diversos, a veces complejos, muy diferentes del ritmo binario básico y repetitivo de la música preferida por la mayoría de nuestros jóvenes. Todos estos sones acompañaban la vida, venían del paisaje, y se pasaban de padres a hijos, de abuelos a nietos y ahora, ya no se pasan. Aunque nuestros abuelos aún los recuerdan.... Aquí en una delicia de programa, algunos que ya no se olvidarán.
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Merece la pena dedicar un rato a escuchar los podcasts de "Músicas de tradición oral" de RNE Clásica.


