sábado, 28 de febrero de 2015

Pingüino de río

En los cursos medios y altos, aguas limpias, macroinvertebrados, su distribución perfila en el mapa las montañas de la meseta Norte y algunos puntos aislados de las montañas del Sur. Es el mirlo acuático Cinclus cinclus nuestro pequeño pingüino de río.
Es considerado bioindicador de aguas limpias y sistemas fluviales con un alto grado de naturalidad.  Y con bioindicador nos referimos a que su presencia y su tendencia poblacional nos marcan la calidad y la salud del ecosistema en el que vive. Según el Catálogo Nacional de Especies es una especie "De interés especial" en estas latitudes, sus números brutos en Iberia no parecen preocupantes, sin embargo su tendencia es claramente regresiva. Y decíamos que es un buen bioindicador de salud fluvial.
Nos preocupa nuestro pingüino de río, pero no sólo él: nos preocupan los macroinvertebrados, las truchas, las aguas de la montaña y los bosques de ribera, los desmanes y las nutrias. 
En estos días que ya huelen a primavera, los mirlos emparejados, empezarán a contruir su nido. En cada pequeño tramo de río, una pareja. Eso sí, sólo en los de aguas limpias y oxígenadas.

viernes, 6 de febrero de 2015

Buen viaje Chencho

La nieve de un febrero montañés marcó su llegada y la nieve también su partida, 93 años después. El mismo manto blanco que borrará las huellas de la memoria de otro tiempo. Las huellas de un tiempo de encuentros fugaces "con los del monte", de aquella persecución en la que el Tío Patato se libró de un futuro poco halagüeño o de aquéllos paseados que siguen sin descansar en la esquina de aquélla tierra que nunca se araba. Historias de nieve, de guerra y de carbón. Y siempre Santa Lucía. Historias díficiles de contar, que todavía hoy remueven entrañas. La última vez, hace pocos meses, que las noticias rescataron la memoria y con ella Chencho volvió a contar, las historias fluyeron como pocas veces, pero siempre seguidas de un " esto no lo cuentes por ahí" o " no se te ocurra contarlo". Con la persistencia de un miedo díficil de explicar, al menos, 60 años después. Me prometí volver pronto y grabarlas, pero llegué tarde. Hoy, de nuevo, quedarán bajo la nieve de un febrero glaciar.

Chencho, seguro que éste tu otro viaje está lleno de huertas, rosales y de bocatas de jamón. Te echaremos de menos, mucho.
Chencho, arriba a la izquierda

lunes, 2 de febrero de 2015

Aves del frío

 Son escribanos nivales Plectrophenax nivalis. Aves del frío, de las gélidas tundras del permafrost, de las montañas de Siberia, Escandinavia y Saskatchewan. Latitud 60º Norte. Allí crían en el fugaz y explosivo verano casi ártico entre oquedades y grietas. Pero allí sólo pasan la primavera y el verano. 

Los primeros frentes otoñales les arrastran hacia el Sur en su lucha por la supervivencia. Llegan a las islas británicas y al centro de Europa. Y la mayoría se queda allí. Unas pocas decenas son visitantes habituales de las costas del Norte de Iberia desde Galicia a la costa Brava. Y aunque raramente cruzan el Mediterráneo hay unas pocas citas en tierras subtropicales de Argelia, Marruecos y Túnez.



Pero no sólo eso, además de en la atemperada costa cantábrica, este par de machos decidieron adentrarse en el enero de la Cordillera Cantábrica - eje central, vertiente sur, puerto venteao de torvas y traves- muy distante de la suavidad de su homónimo costero. Eso sí los dos eran machos, de mayor tamaño y con una mayor tolerancia al frío.

Rarezas que, de nuevo, rompen las leyes centrales de la ecología, que devuelven la importancia a los raros, a las excepciones, a los individuos, y nos vuelven a recordar que al fin y al cabo- y por encima de distribuciones y hábitats axiomáticas- "las aves, vuelan"

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Macdonald, C. (2012). Annual patterns of movement and distribution in the arctic breeding snow bunting (Plectrophenax nivalis).
 
RAMOS, J. J., González del Campo, P., Delgado, A., & Perez, N. (2014). First record of Snow Bunting (Plectrophenax nivalis) in the Moroccan Atlantic Sahara. Go-South Bulletin, 11, 17-18.
 
http://www.seo.org/ave/escribano-nival/

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Solsticio de invierno


Llegó el invierno, la noche más larga y el día más corto. Los rayos del Sol y el ángulo con la Tierra nos dejan apenas unas pocas horas para poder templar. No es cuándo más lejos estamos del Sol, pero la inclinación del eje de la Tierra apenas nos deja calentar el hemisferio Norte. 
Llegó el invierno en el Norte y empezaron a crecer los días, acercándonos cada vez más a la templanza veraniega. 
Llegó el verano en el Sur y ya no habrá días más largos, acercándolos cada vez más a las largas tardes oscuras. 
Aquí llegó con niebla, sol y heladas en ese ciclo continuo y hermoso de estaciones que nunca se detiene.

viernes, 24 de octubre de 2014

La Barrera de Solana


Solana de Fenar - en la tierra media que une las montañas con las riberas, entre los ríos Bernesga y Torío- se recorta sobre un fondo arenoso casi inverosímil de texturas y colores que rompe la otoñada del robledal. Una pequeña ventana a otro tiempo que nos muestra la misma tierra que pisaron los dinosaurios, allá entre el Terciario y el Mesozoico.

Es la Barrera de Solana. Un rincón de esa belleza cercana que reta a la fantasía.

jueves, 9 de octubre de 2014

Mariposean los treparriscos

Sólo en las rocas, en las tseras, los extraplomos y los argayos de un paisaje calizo, alpino, que desafia a la gravedad y al tiempo geológico. Sólo en las rocas y sólo en algunas. Han de ser calizas y han de ser alpinas. Sólo ahí mariposean los treparriscos Tichodroma muraria.


Decir treparriscos es soñar grandes cordilleras, moles rocosas del "Viejo Mundo". Es decir Altai, Himalaya, Irán, Caúcaso, Alpes, Pirineos; todas las grandes y un capricho en una pequeña, en la humilde Cordillera Cantábrica. 

Aquí en estas montañas y, sólo a veces, entre los pliegues de una roca o los restos pétreos de un glacial, una gran mariposa granate buscará una posición imposible, batirá sus alas en busca de un insecto y nos descubrirá una belleza que va más allá de los paisajes.

Ahí, habrá mariposeado el treparriscos.

viernes, 18 de julio de 2014

Mujeres del Alto Atlas

 Aicha es nómada. En verano las hierbas espinosas de los plateaux del M'Goun reverdecen con la retirada de la nieve, suficiente para su rebaño de 50 cabras y 4 burros. El invierno lo pasarán en los valles del sur dónde las nevadas no acosen a los rebaños. Ella, su marido y sus 16 hijos paridos. 

Fátima tiene 6 años, su hermana Samira, 8 y ya son suficientemente mayores para cuidar del rebaño enriscadas entre los paredones de las gargantas imposibles del Achabou.


Tuda, 4 años mal cumplidos, que ya la obligan a ocuparse de los chivines. Tuda, ya lo dice su nombre, la que es autosuficiente.

Tiziri recoge cada mañana la hierba que sus 2 vacas necesitan comer y, a veces, recorre kilómetros a por un poco de leña de una sabina vieja y largamente maltratada. Una de esas veces volvió unas horas más tarde, con la leña y su recién nacido Isul.

Tadderfit es la abuela del Valle feliz de Ait Bouguemez, 106 años de duro trabajo a pies descalzos.

 Ellas, las mujeres bereberes. Ellas van a por leña, ellas cuidan del ganado, ellas lavan en las acequías, ellas cocinan, ellas aran, sus niñas cuidan de sus bebés y de sus rebaños, cuándo aún no pueden cuidarse a sí mismas.... Ellas trabajan......pero ellas apenas deciden.


 

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Nombres ficticios para historias verdaderas.