jueves, 10 de abril de 2014

¿El señor de los bosques o Tetrao urogallus cantabricus?



Parece que, aquí, en este norte ibérico hay dos urogallos diferentes, dicotómicos que podrían relatar dos historias diferentes: 

Uno casi místico, legendario , ese sonido y señor del bosque, ese feisán del que todo el mundo habla pero que muy pocos han visto, ése cuyas historias se magnifican en los chigres hasta perder todo sentido de la realidad. Ése al que todo el mundo sabe lo que le pasa y el por qué de su declive. 


 El otro es Tetrao urogallus cantabricus, una tetraónida forestal, folívora que ha encontrado su nicho en los bosques caducifolios de la cordillera cantábrica, y que ha sufrido un declive importante en las últimas décadas . 

El primero es el que nos llevó a algunos a dedicar algunos años de nuestras vidas a investigar pero solo y únicamente es del segundo del que sabemos algo, del que tenemos datos científicos, contrastables y rigurosos que nos aportan información y que nos indican los pasos a seguir. 
A menudo ambos se mezclan y todo el mundo sabe lo que pasa con el urogallo, eso sí, sin que se sustente en datos  científicos. Y ahí viene el problema : se destina dinero para su conservación que se basa en mentiras mil veces repetidas que se asumen como verdades o en el atrevimiento de un desconocimiento sustentado por una conversación de chigre. En el mejor de los casos esas medidas serán inocuas, muy difícilmente tendrán un efecto positivo en las poblaciones de urogallo y fácilmente pueden llegar a constituir una nueva amenaza antrópica para nuestros urogallos ¿Para qué tenemos la ciencia si luego hacemos oídos sordos? Sólo si hemos utilizado el método científico podremos extraer conclusiones, el resto quedará en el campo de lo hipotético o anecdótico.

jueves, 13 de marzo de 2014

Los mundos de Quico

La toponimia nos sorprende, a menudo nos da pistas de la geología, nos cuenta historias o nos recuerda usos pasados. Otra veces simplemente nos confunde e inevitablemente sin quererlo nos oímos repitiendo la misma pregunta ¿de dónde vendrá ese nombre tan raro?
Ésta es una bonita historia de un nombre raro con un origen cercano y un relato narrado de abuelas a nietos. 

Un valle alpino de origen glacial y posteriormente surcado por un río, gris de caliza y verde de pastos y chamargos, amplio y hasta incluso llano. En una de sus laderas dónde la pendiente se hace pronunciada y la roca aflora evitanto ganados, una pequeña requejada rodeada de pared de piedra y chopos del país. Para algunos, su nombre: " los mundos de Quico". 

Un gato montés (Felis silvestris) se pasea por "los mundos de Quico"
Y es que fue hace años aunque no tantos, cuando la vida no trascurría más allá del límite que imponían las montañas que enmarcan este pequeño valle, cuándo la villa y el mercado más próximos estaban a varias horas a caballo y se vivía ajeno a cualquier mundo globalizado, en la autenticidad y aislamiento de un pequeño pero gran universo. Y ahí es dónde vivía Quico. En un mundo tranquilo, sosegado de vacas y hierba que... se le quedó pequeño... y un día anunció a su familia que debía haber un algo más allá de ese murallón de calizas horadadas y que iba a "conocer mundo". Sin embargo su viaje sólo duro varias horas y una reflexión, y su mundo no fue más allá de la pequeña requejada de lo que a partir de ahora se conocería como " los mundos de Quico"

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Gracias a la pervivencia de esa tradición oral de los magníficos contadores de historias de la montaña. De abuela a nieto.


domingo, 26 de enero de 2014

Huyeron del Norte y se encontraron con más Norte: lúganos



Un paisaje blanco, helador, cascadas que se deshacen en témpanos de hielo, el cierzo que ruge y congela la mirada, 1700 m de collada cantábrica en enero. Unos abedules que resisten estoicos el invierno y unos lúganos (Carduelis spinus) saltando de rama en rama.



Vienen del norte buscando inviernos templados y se quedan aquí dónde apenas existe el verano y el invierno se despliega con una fuerza de otras latitudes, ¿por qué no buscarán la dulzura invernal de los valles y las riberas?
Unas pocas parejas deciden criar en la primavera cantábrica, muy pocas, el resto retornan al verdor efímero de las taigas del norte.

Apenas 20 g de ave que llega a Iberia arrastrada por la ventisca de un temporal Escandinavo y consigue saltar de rama en rama en unos abedules tan fríos como los que dejó en el Norte.
 

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Gracias Juanan por las fotos de los lúganos

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Acordeonistas callejeros

 La ciudad vibra, las calles suenan, la vida bulle a raudales y ellos le ponen música.

Bella ciao
Bach
Clavelitos
Mozart
Malagueña
Bramhs
y hasta el Chano de Omaña...se alternan y suenan... Marchas, pasodobles, polcas, rancheras, jotas...dan color a La Calle.

Música al ritmo de la vida. ¡Viva!

domingo, 24 de noviembre de 2013

Amanitas otoñales

Llegó el frío. Parece que el otoño toca prematuramente a su fin, y con ello los bosques vuelven al silencio teñido de invernal; ya desaparece el caminar errático de cestas y navajas en busca de las setas de unos pocos hongos. Esas setas que son al hongo lo mismo que las manzanas al manzano. 

Este año ha sido un buen año...los micófagos estamos satisfechos y hasta nos hemos animado a intentar dar ese salto cualitativo a micófilos. 

Ha sido un año generoso, que nos ha deleitado, por fin, con esa única Amanita que no tiene las láminas blancas. Esa única Amanita caesarea, delicia dentro de un género tan temido como fotografiado. Y sí, las láminas son amarillas de este "huevo frito" fúngico.

Amanita caesarea
Anillo, volva, láminas y esporada blanca tienen casi casi el resto de las Amanitas. Algunas, también sombrero con tonos blancos, blanco-oliváceo, blanco-citrino, blanco-amarronado, y entre éstas, la mayoría de las mortales. Las temidas Amanita phalloides,-ésta además, muy abundante- Amanita verna y Amanita virosa. 


Amanita phalloides
Blanca y tóxica también es la Amanita citrina. Olor a patata y volva escotada. Pero ésta no es pa' tanto....

Amanita citrina
Con la cutícula de un rojo intenso y salpicada de puntines blancos, preciosa, fotogénica y popular es la Amanita muscaria. La conocida seta de los enanitos, alerta y nos previene de una toxicidad más mitificada de la cuenta. Por algunos, incluso buscada para la evasión de una intoxicación psicotrópica. Hermosa.

Amanita muscaria

Amanita muscaria
Muy parecida pero en tonos marrones, la Amanita pantherina.
Amanita pantherina

Y finalmente la rara, esa difícil de encontrar y que alegra la tarde a un buen micólogo, no por su comestibilidad -más bien mediocre- si no por su rareza. Una Amanita rosada, sin anillo, y como su nombre indica con un pie más bien corto. Amanita curtipes.

Amanita curtipes
  Llenaron de color y ornamentos nuestros bosques otoñales, ahora a esperar a que la primavera alerte al hongo de que puede volver a formar setas.

lunes, 21 de octubre de 2013

La luz de Eivissa

 La Illa blanca tiene una luz especial, una luz tranquila, sosegada, alegre y risueña. Una luz que sueña turquesas, esmeraldas y pardos...invita a evadirse, a querer quedarse.

Ses Salines

Lejos de bullicios, de ritmos repetitivos, de alcohol barato e ingleses al sol, cada paso es un rincón al que asomarse del Mare Nostrum, un rincón al que se asomaron y en el que dejaron y dejan su huella los fenicios.

Cerca de Cala d'Hort
Recovecos de luz que encadilaron a jipis y alemanes y los atraparon entre los pinares y las calas. Mucho más de lo que uno se espera...

Atardecer en cala Comte
En fin, uno de esos sitios que invita a quedarse.

Peñón de Es Vedrá
Gracias Raquel por mostrárnoslo!

viernes, 4 de octubre de 2013

Rincones de arquitectura y paisaje

Tablas de madera de castaño, tejados de pizarra, muros de piedra silícea, caminos alfombrados  de mantos de fuetsas de varios otoños, líquenes y musgo, mucho musgo, cubriéndolo todo. No hay cemento, ni asfalto, nada de uralita ni de bloque.

Restos de una arquitectura del pasado dónde se construye con lo que hay, -y el resultado es armonioso- dónde sólo la "recta, arquitéctonica y antrópica" rompe los recovecos, curvos e intrincados de un paisaje silício  y píndio de tseras, brumas, robledales y sotos de castaños.

En un rincón, del que es díficil marchar, del occidente cantábrico leonés.